DERECHOS HUMANOS (LOS VERDADEROS Y LOS FALSOS) - INCIDE
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01 Dic DERECHOS HUMANOS (LOS VERDADEROS Y LOS FALSOS)

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POR: ARQ. CARLOS MARTIN QUINTERO ORCI

Cada año, el 10 de diciembre, se celebra el día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Qué son éstos? Primero que nada, un derecho es, básicamente, la facultad que tiene cada individuo para hacer legítimamente lo que tenga que ver con su vida, y sirve para regular las relaciones entre las personas. Pero aun siendo algo de sentido común, muchas veces es necesario especificarlos en las leyes para resolver, en caso de que sea necesaria la intervención de la autoridad, cualquier desacuerdo que pudiera presentarse entre dos o más personas o entidades.

Un ejemplo sencillo acerca de ello es cuando alguien hace fiesta en su casa y pone música a todo volumen a altas horas de la noche. Cuando, con toda justicia, se les reclama su proceder, habitualmente el fiestero pretende justificarse con el bobo argumento de que “en mi casa yo tengo derecho a hacer lo que quiera”. Y eso es cierto, pero siempre y cuando no cause molestias a los vecinos, porque ellos también tienen derecho a hacer lo que quieran en sus casas. Y lo que normalmente quieren hacer a esas horas es dormir. Aquí, el vecino fiestero está imponiendo sus derechos sobre los de los vecinos.

Dicho en forma más simple: los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás, que va muy de acuerdo con el universal principio de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Por lo que quien hace uso de sus derechos, también tiene la responsabilidad de hacerlo de manera que no afecte los de los demás.

Hay derechos que se tienen específicamente por el estado de quien los ejerce (el patrón a tomar las decisiones en su empresa, el policía a detener a un sospechoso, el médico a recetar medicinas, el boxeador a golpear a su rival, etc.). Pero hay otros que son inherentes a la dignidad humana y por lo tanto, válidos por igual para todas las personas, independientemente de su estatus en la sociedad. Son los llamados “derechos humanos”, y son normalmente recogidos por las constituciones modernas (el Estado no crea derechos humanos, sólo los reconoce y protege; son anteriores y superiores al Estado) asignándoles un valor jurídico superior. Así, todo mundo tiene derecho a que se respete su vida, a desempeñar un trabajo, a no ser discriminado, a practicar una religión y vivir de acuerdo a lo que esta enseña, etc. Estos derechos rigen la manera en que los individuos viven en sociedad y se relacionan entre sí, al igual que sus relaciones con el Estado y las obligaciones del Estado hacia ellos.

Las leyes relativas a los derechos humanos exigen que los gobiernos hagan determinadas cosas y les impide hacer otras. Las personas también tienen responsabilidades: así como hacen valer sus derechos, deben respetar los derechos de los demás. Ningún gobierno, grupo o persona individual puede a llevar a cabo actos que vulneren los derechos y la dignidad de otros.

Pero no todo gobierno respeta esto. Uno pensaría en primera instancia en lugares como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte, China, etc. Pero hay otros que, pese a ser países democráticos, también violan esos derechos. ¿A quién se le ocurriría pensar que eso ocurre en lugares como Estados Unidos, Canadá, Alemania, etc.? Y es que en ellos se han logrado imponer oficialmente la cultura de la muerte y leyes antifamilia, que para respaldarlas (ya que son opuestas a la moral cristiana), se han creado leyes y mandatos que atentan contra la libertad religiosa.

Todo ello es parte de los esfuerzos por imponer el nuevo orden mundial, de la que ya no queda duda de que no es una simple teoría conspiracionista. En los hechos ha demostrado ser, más allá de toda duda razonable, una realidad. Una de sus principales armas ha sido el bombardeo ideológico a través de los medios, especialmente en películas, series de televisión, canciones de moda, etc. (los menores de edad absorben como esponjas todas esas ideas y prácticas que oyen y ven). Otra ha sido una muy sencilla, pero no por eso menos efectiva: la distorsión del lenguaje, para hacer que lo malo parezca bueno, y viceversa.

Todo esto ha sido fundamental para inventar e imponer falsos derechos humanos. Por ejemplo: el llamado “derecho a la salud reproductiva” (anticoncepción y aborto) en contraposición al derecho a la vida, o los supuestos “derechos LGBT” para menores de edad (corrupción de menores), en contraposición del derecho de los padres de familia a educar a sus hijos de acuerdo a sus propios valores. Más aun, tratándose de estos temas, se ha etiquetado a los defensores de los verdaderos derechos como “grupos antiderechos”.

Nuestro país, de tradición católica, se había salvado durante largos años de la imposición de esta agenda (no puede ser considerado como un “derecho humano” algo que, por su naturaleza, va en contra de la dignidad humana). Pero, en este sentido, las malas decisiones del pueblo a la hora de votar en estos últimos años están teniendo consecuencias. Costará más trabajo, pero aún estamos a tiempo de evitar que el daño se haga más grande.

Carlos Martín Quintero Orcí

arqcquintero@yahoo.com

Puntos curriculares:

*Arquitecto con experiencia en todo tipo de proyectos.

*Colaborador de INCIDE desde el 2001.

*Historiador aficionado de la ciudad de Hermosillo.

*Escritor en diferentes medios acerca de diferentes temas.

*Fotógrafo del paisaje y de la construcción.

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