Resiliencia “Fifí” y Riesgo Social - INCIDE
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22 Dic Resiliencia “Fifí” y Riesgo Social

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Desde muy niño y de las pláticas de mi madre, escuché cuán importante es el donde vivías, sobre todo porque le tocó en sus primeros años al llegar a la gran ciudad, tener que acudir por un poco de agua al margen del todavía intubado Rio Churubusco y por lo que a mí respecta era sumamente común ir a jugar a los campos de futbol que hoy ocupa la Central de Abasto, así que en mi infancia me fue común escuchar historias que había márgenes en las zonas conurbadas que vivían entre lodo y que continuamente se desbordaban lagunas u otras vías de agua como el Rio de los Remedios. Obviamente viví esos años en el entonces llamado “Distrito Federal” hoy Ciudad de México.

Luego, ya adolescente, pude vivir en las zonas más altas de Tlalpan, donde los conflictos eran otros, pues mis compañeros de la secundaría y que vivían en las zonas todavía más altas de la carretera libre a Cuernavaca, que sufrían deslaves en sus propiedades o incluso avenidas de agua que inundaban sus casas, las historias eran de que “eso no sucedía”. También viví el terror del temblor de 1985 y para 1986 me instalé en Sonora, específicamente en Hermosillo, de donde me hice un espacio para estudiar y ser productivo hasta hoy.

Desde antes de mi cambio de residencia, mi actividad profesional ya giraba en torno al daño catastrófico, sabía por mi trabajo lo que eran los eventos dañosos naturales, como la erupción del volcán Chichonal, la ver las consecuencias de Huracanes mayores y otros temporales que hacían necesaria la intervención de gente como yo, relacionada con el Ajuste de Seguros en Daños, que salían los compañeros a respaldar con su recomendación de indemnización a los que tenían la fortuna de contar con seguros apropiados.

El resto de la población solo podía depender de la ayuda del gobierno o de sí misma.

Del cúmulo de mi experiencia fui atestiguando que la concentración humana es parte esencial del problema cuando de daños se trata; por ejemplo, mi primera atención profesional en lo individual fue evaluar las pérdidas de un expendio de dulces en un incendio múltiple, en el mercado de Acapulco, y luego de intervenir en cientos de reclamaciones en torno al temblor del “85” o bien, conocer de la explosión de San Juan Ixhuatepec a la que luego se sumó la Gran Explosión en Guadalajara, donde 8 kilómetros de calles desaparecieron.

No hay que ser muy poco falto de observación para distinguir que una constante que acentúa cualquier catástrofe, por supuesto que lo es el hacinamiento al instalar negocios y casas en donde no se debe o fuera de normas de seguridad, ya sea por haber modificado el entorno o bien, por no haberlo acondicionado como debía ser obligado. La acumulación de capital y vidas donde no debieron haber estado concentra daños y muertes.

Pero entre la permisividad del Estado y la necesidad de las personas nacen dos supuestos ineludibles: Uno, que los riesgos catastróficos son creados y Dos, que la concentración los acentúa. Por supuesto que el hombre tiene una fortaleza muy grande, también indispensable para llevarle por conveniencia y otras veces por necesidad, incluso a costa de su seguridad o del sentido común, pero siempre impulsado por sus propias realidades.

Una resultante de esas condiciones es que el hombre y el inversor se vuelven constantes al paso del tiempo, cada uno necio a su forma, uno buscando donde sobrevivir y el otro donde reinvertir. Resiliente o no como concepto, si persistentes.

Ah, pero viene un cambio de timón, llega un personaje que defenestrando todo aquello que suene a “liberal”, adoctrinando a ciegas, descalificando lo que no entiende o no conviene aceptar, viene a dar al traste entre tantos traspiés a conceptos asimilados por la ONU u otras tantas instancias sociales, por científicos de todo el mundo especialistas en el comportamiento humano y de tantos líderes sociales, para tildar de “Fifí” la Resiliencia, ese esfuerzo organizado que pretende re estructurar socialmente lo que no debe ser por su condición peligrosa inherente.

Así, el comportamiento nocivo de la concentración humana como especialmente en sus consecuencias dañosas. Por supuesto que puede parecerles a muchos muy “Neoliberal” el concepto, porque el que ha sufrido la pérdida de una parte o todo su escaso patrimonio, lo que quiere es que la ayuda le llegue, que lo sea a gratuidad y evadiendo su responsabilidad originaria; así, poco lo importa si los fondos no vienen per se del propio Gobierno que en apariencia es quien cobija, sino de quienes con su esfuerzo como empresarios pagan esas contribuciones a manera de impuestos.

La ayuda social es por demás una obligación de la autoridad, pero no debiese tener relación ni demagogia de llamar “Fifí” a los esfuerzos organizados por las empresas y organismos independientes que impulsados por la Resiliencia social, pretenden colaborar y no restar titularidad al Gobierno Mexicano; por ende, la válvula de escape para denostar lo que se debiese comprender y que la administración gubernamental de los fondos necesarios para apoyar a la población en riesgo, debe brindarse bajo criterios muy concretos de prevención y de atención cuando la catástrofe ya se ha actualizado: Se es administrador de la Resiliencia aunque el nombre le suene a algunos inapropiado. Es más, llámesele como se desee o la capacidad lo permita, pero no debe dejar de actuarse en soporte al desfavorecido de manera humanista, despojada de interés político y de manera expédita.

Pero polarizar parece ser la consigna en vez de unir en pos de la necesaria ayuda, de prevenir y atenuar los Riesgos antes que mostrarse como el líder que actúa para paliar (en pequeña parte) las consecuencias. Ojalá se trata de otro de tantos exabruptos y no se pierdan las políticas públicas que bien han funcionado por un par de décadas, precisamente en atención a los menos favorecidos.

Hay que ser resilientes ante quienes no quieren.

 

Carlos Zamudio Sosa

Claims Manager

México Claims and Risk Management SC

Desde 2005 brinda servicios de consultoría “Risk Management” externo con atención a Asegurados en preparación para Inspección de Riesgo, análisis de contratos y control de sus licitaciones; asesor para acreditación de daño físico y consecuencial por siniestro por acompañamiento, asesoría y defensa técnica y jurídica por reclamos asegurados o afianzados.

Ha acreditado diversos cursos en diversas materias afines al Riesgo y la valuación del Daño Material, incluyendo terminar estudios de nivel
Maestría de Daños y Ajustes. Ha co-impartido 6 Diplomados en temas selectos de Gestión del Riesgo y Seguridad Industrial y acreditado ante la STPS.

Expositor invitado en Seminarios y Talleres y otros programas de desarrollo personal en seguros y colaborador para medios impresos y electrónicos especializados en Seguros y Fianzas.

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            171 03 55 Cel

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-zamudio-sosa-6a67a922/

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