EL COSTO DEL DESASTRE - INCIDE
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25 Sep EL COSTO DEL DESASTRE

Cuando se piensa en desastres, el empresario piensa en los Seguros de Daños y da por sentado que el costo de una catástrofe lo ha transferido a una Aseguradora, su preocupación tornará en probar su pérdida y acreditar los extremos de esta y la temporalidad del perjuicio por la falta de uso de sus instalaciones, de sus contenidos y del capital de trabajo.

Tradicionalmente, las personas físicas que también cuentan con seguros, especialmente como obligación ante los créditos suscritos para casa habitación, podrán llegar a contar con algún nivel o incluso la misma protección que el empresario. El riesgo del desastre fue trasladado a un tercero con mayor capacidad que la propia: En realidad las consecuencias del evento dañoso fueron transferidas a una mutualidad que tiene similitudes con nosotros mismos, donde la incertidumbre es el quién se siniestrará, no si el evento sucederá.

Esa es la característica del desastre, la podemos medir en su periodicidad y su severidad. La incertidumbre se trasforma para calcular el valor de una distribución de la futura pérdida y, además, se puede hacer del daño un negocio legal a condición de que quienes acumulan capital, decidan organizar la operación de una empresa Aseguradora y, en consecuencia, administrar las consecuencias por la ocurrencia de los siniestros.

¿Pero qué sucede cuando la catástrofe le acontece a quienes no cuentan con un seguro?

Por supuesto que, para esa población, que además son la mayoría, pues el riesgo asegurado (la penetración del seguro) en México es extremadamente baja comparada con otras naciones avanzadas y, por tanto, el Estado debe activar acciones de apoyo social, impulsar la recuperación económica en lo general mediante estrategias de muchos niveles, créditos blandos, inversión directa, asignaciones a fondo perdido y, en una gran medida, en la entrega directa de apoyos económicos.

No me opongo a la subsidiaridad, camino obligado hacia la solidaridad social, ayudar es naturaleza humana y condición obligada en una sociedad íntimamente entrelazada. Sin la participación social, sin la intervención de las pequeñas y grandes empresas, sin el esfuerzo de las personas en lo individual sería imposible la recuperación después de un evento de gran magnitud como un Huracán o un Terremoto; la Resiliencia plena tiene un componente eminentemente social. Mi conflicto está en la forma como el Estado se convierte en un ente paternalista, dosificador de los beneficios y decididor del gasto social en formas que no necesariamente alcanzan al afectado.

Así que, por un extremo tenemos a la población civil, construyendo sus propios riesgos al no poder racionalmente y por su propia escasez de recursos el instalarse en zonas de menor impacto, si no más bien orillada por sus necesidades, a convivir con el peligro, en la inmediatez o, cuando no, directamente en las zonas de daño inminente. El desastre, si bien tiene un origen natural, sus consecuencias no lo son.

En el otro extremo tenemos a las Instituciones del Estado, aquellas que, en administración de los fondos producto de la recaudación fiscal, ingresos de los cuales al menos el 75% de los tributantes, las personas físicas, aportan apenas un 25% de los capitales que el Estado podrá disponer para todos sus fines. El restante 25% de los contribuyentes soportan la operación del Gobierno con un 75% de los ingresos recaudados. Pero hagamos una gran distinción, apenas el 0.02% de quienes pagan impuestos son “Muy Grandes Contribuyentes” y, en realidad, esas empresas aportan más de la mitad de los ingresos gubernamentales.

Entonces, cualquiera que sea la asignación del presupuesto anual, una minoría de empresas tienen sobre su espalda la economía del Gobierno y, de facto, son quienes aportan la mitad de toda ayuda social ante los desastres. Cincuenta centavos de cada peso en apoyos destinados al gasto social (cuando no con opacidades) se distribuye en formatos verdaderamente clientelares, destinados a que el afectado asocie la ayuda social con una entidad o partido y, cuando no, a una persona. La socialización de la pérdida a beneficio de unos pocos.

El problema es que la población civil termina convencida de que, al ser víctima del desastre no solo requiere, sino que merece ser resarcida por “El Gobierno”, mientras que quienes con esfuerzo administran sus propios capitales, pagan seguros e impuestos, quedan las más de las veces, fuera de tales programas; hay asimetrías.

No obstante, el empresario y especialmente la gran empresa, debe desarrollar su sentido social para colaborar y, antes bien, evitar el desastre y de no ser ello posible, una vez acontecido este, intervenir en el apoyo social. Esa población marginada, son también sus consumidores y sus trabajadores.

Pero también esos empresarios, hoy señalados por la sociedad civil como antagónicos al gobierno, ciertamente son quienes le mantienen, quienes, al no interrumpir sus aportaciones impositivas, permiten que el gobierno no haga lo propio y, en consecuencia, cumplir su función social. La sinergia empresarial, social y gubernamental es condición necesaria y, bajo ninguna manera, puede ni debe coartarse; todos debemos pagar impuestos, pero todos debieran asumir su propio riesgo.

Sin embargo, como por definición ello es inviable, es decir, la universalidad de la transferencia del riesgo ante catástrofes, el Estado debe imponer su condición como tal y, desestimular la acumulación de las condiciones que favorecen que los desastres se conviertan en catástrofe económica, interviniendo anticipadamente con acciones concretas para que la sociedad, los mas desfavorecidos poco a poco vayan disminuyendo su exposición al riesgo y, por supuesto, que las propias instancias de gobierno se tornen mas eficientes en la ayuda al dañado, dejando de dar sentido clientelar a quien, de por sí, ha perdido bienes y cuando muy grave, vidas.

Los desastres no son naturales, son riesgos socialmente construidos que, por si fuera poco, nos cuestan a quienes pagamos impuestos.

Carlos Zamudio Sosa

Claims Manager

México Claims and Risk Mangement SC

Desde 2005 brinda servicios de consultoría “Risk Management” externo con atención a Asegurados en preparación para Inspección de Riesgo, análisis de contratos y control de sus licitaciones; asesor para acreditación de daño físico y consecuencial por siniestro por acompañamiento, asesoría y defensa técnica y jurídica por reclamos asegurados o afianzados.

Ha acreditado diversos cursos en diversas materias afines al Riesgo y la valuación del Daño Material, incluyendo terminar estudios de nivel
Maestría de Daños y Ajustes. Ha co-impartido 6 Diplomados en temas selectos de Gestión del Riesgo y Seguridad Industrial y acreditado ante la STPS.

Expositor invitado en Seminarios y Talleres y otros programas de desarrollo personal en seguros y colaborador para medios impresos y electrónicos especializados en Seguros y Fianzas.

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            171 03 55 Cel

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-zamudio-sosa-6a67a922/

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