MISMO RIESGO Y DIFERENTES ÓPTICAS - INCIDE
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25 Ago MISMO RIESGO Y DIFERENTES ÓPTICAS

Entre los fundamentos de la gerenciación de riesgos sabemos que parte de estos admiten un tratamiento que permite a veces eliminarlos, otrora minimizarlos mediante algún tipo de intervención, tanto como financiarlos mediante la toma de recursos propios previamente separados, o también decidir retenerlos porque son tolerables y sus costos por tanto son transferibles a los clientes o, incluso, transferirlos a terceros como el caso típico de los seguros, todo en aras de la continuidad del negocio o, atendido dentro del ámbito doméstico, lograr que la normalidad en la calidad de vida de sus miembros se mantenga lo más inalterada posible; entonces los empresarios tanto como las familias, a sus propios descubrimientos y previsiones podrán fijar estrategias para afrontar sus propios riesgos y, ante algunos hechos dañosos adoptar medidas para su atenuación con enfoques de utilidades redundantes, la dispersión de riesgos, la preparación de  un plan de “disaster recovery” e incluso migrar completamente a zonas de menor exposición a los riesgos identificados. Eso también es gerencia de riesgos, un mundo que se mueve entre dos polos y admite múltiples soluciones intermedias, un extremo simplista donde el empresario toma por su principal metodología (y cuando no la única) la contratación de seguros y el opuesto, que los interviene hasta literalmente desaparecerlos: Una buena gestión de riesgos no acaba donde terminan los asegurables. Eso dice la metodología.

Si comparo y hago recuento de como a lo largo de mi vida he apreciado (incluso menospreciado) el Riesgo me contestaría que me he movido en todos sus espectros, desde la más absoluta ignorancia y donde cometí verdaderas imprudencias que, si las hubiera visto reproducidas en mis hijos me habrían causado varios micro infartos, pues de niño y adolescente me moví entre la temeridad y la inconciencia; así hasta hoy, donde en el polo opuesto he estudiado el Riesgo de forma más o menos objetiva y consistente podría concluir que por supuesto la interpretación del peligro depende de su observador.

Entonces podemos establecer una hipótesis: El Riesgo es el mismo, pero lo percibimos diferente.

Podríamos derivar una segunda hipótesis desde la primera y sería que toda persona es de alguna manera consciente del Riesgo, pero nos movemos desde el supuesto de que no podemos  intervenirlo hasta su extremo opuesto, que los peligros son tan objetivos que pueden ser atemperados hasta prácticamente desaparecerlos.

Lo que en esta ocasión me mueve es asumir que entre estos extremos debe necesariamente existir un grupo de personas que perciben e incluso identifican los riesgos, pero que se exculpan absolutamente de su relación causal, es decir que se consideran ajenos al hecho generador y la consecuencia de la contingencia; es decir, aquellos que tenderán a culpar a otros por los trances que suponen afectaciones o perdidas, en particular tratándose de los Riesgos Sociales. Yo fui uno de esos.

Desde muy joven, en mi época de instrucción preparatoriana (en el Colegio de Ciencias y Humanidades) en el entonces Distrito Federal, uno de los supuestos que entre todo fogoso estudiante teníamos como dogma de fe, siempre fue “culpar a los otros” eludiendo la responsabilidad de la propia persona, ignorando en la ecuación todo elemento que significara responsabilidad sobre la ocurrencia, pero no dentro de la relación de causalidad como víctima. Así aislada la responsabilidad propia, pues esta sería siempre implícita a “los demás” es factible colocarla en particular de quien represente “El Poder”.

Una vez despersonalizada la responsabilidad individual, se elimina de la persona la obligación de considerarse parte de la solución, pues la culpa se torna condicional como derivada de la ausencia de obligación como parte. Entonces cabría el supuesto de que los Riesgos Sociales son ajenos a menos que seamos víctimas y, por tanto, de no hay grado de culpa, ni indirecta y mucho menos directa, por lo que le tornamos indisoluble a los demás y por ende una de las más importantes  conclusiones dentro de esa secuencia de pensamientos, aparentemente lógicos es que la culpa deviene de “La Corrupción”, ergo del “Estado” en la figura de quien detenta “El Poder” o en incorrecta interpretación de las actividades y acciones de los diferentes roles y formas que adopta el Estado organizado, por lo que no sobran ni personas ni entidades a quien culpar, llámesele  presidente, gobernador, Protección Civil, empresarios, etc. pero nunca propia.

Exculparse y buscar responsables es la forma más sencilla de proponerse como víctima y que resultaría en esa lógica que son otros quienes deben velar por mí (por supuesto que hay obligaciones al respecto en el Estado Mexicano), pero esos supuestos llegan al perverso de que El Estado debe ser paternalista, dadivoso, tutor como si fuese yo incapaz o menor de edad y, por tanto, solidario de mis pérdidas ante mis errores de juicio y de la forma como afronto el peligro.

Esa impronta en las personas respecto a que la obligación es de los demás es un proceso de condicionamiento en el razonamiento ante el peligro de los hechos sociales y es, por supuesto, una salida fácil que nos permite evasión y luego plena capacidad para demandar la restitución de mis consecuencias negativas, pagaderas por quienes sí son diligentes en su Gestión del Riesgo. La socialización de las pérdidas y la dilución de la culpa.

En un gran pleonasmo de ideas, se requiere de la conciencia y aceptación de los individuos de que los Riesgos Sociales son construidos y que todos somos elementos del conjunto llamado “Riesgo”; cuando se actualizan los peligros y las crisis se actualizan, no debiéramos considerarlos ajenos si reconociéramos que el evento dañoso es la suma de nuestra participación individualidades y que, para reducir el impacto social se requieren acciones primarias de tipo personal: Si no tiráramos basura, si nos cuidáramos mutuamente usando cubrebocas, si respetáramos las vialidades y reglamentos de tránsito y mil ejemplos más, nos convertirían en actores no del problema, sino de la solución antes que culpar a otros de los peligros que nosotros mismos vamos creando o potenciando, tanto por inconciencia como por desobediencia.

Pero mientras los esfuerzos de un Estado belicoso continúen propiciando entre los individuos la idea de los buenos y los malos, las víctimas y los responsables, solo se induce a que las personas se continúen exculpando de toda responsabilidad y, por el contrario, en lugar de dar continuidad a un cambio de mentalidad que socialmente nos lleve a intervenir desde todas las trincheras las causas y las consecuencias dañosas de cualquier hecho dañosos, solo reproduce un sentir que aleja a quien también es actor del problema del sentido de responsabilidad que caracteriza a la población en otras sociedades, de las que debiéramos intentar ser más parecidos.

Carlos Zamudio Sosa

Claims Manager

México Claims and Risk Mangement SC

Desde 2005 brinda servicios de consultoría “Risk Management” externo con atención a Asegurados en preparación para Inspección de Riesgo, análisis de contratos y control de sus licitaciones; asesor para acreditación de daño físico y consecuencial por siniestro por acompañamiento, asesoría y defensa técnica y jurídica por reclamos asegurados o afianzados.

Ha acreditado diversos cursos en diversas materias afines al Riesgo y la valuación del Daño Material, incluyendo terminar estudios de nivel
Maestría de Daños y Ajustes. Ha co-impartido 6 Diplomados en temas selectos de Gestión del Riesgo y Seguridad Industrial y acreditado ante la STPS.

Expositor invitado en Seminarios y Talleres y otros programas de desarrollo personal en seguros y colaborador para medios impresos y electrónicos especializados en Seguros y Fianzas.

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            171 03 55 Cel

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-zamudio-sosa-6a67a922/

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