RIESGOS SOCIALMENTE CONSTRUIDOS - INCIDE
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25 Jul RIESGOS SOCIALMENTE CONSTRUIDOS

Entre los fundamentos de la gerenciación de riesgos sabemos que parte de estos admiten un tratamiento que permite a veces eliminarlos, otrora minimizarlos mediante algún tipo de intervención, tanto como financiarlos mediante la toma de recursos propios previamente separados, o también decidir retenerlos porque son tolerables y sus costos por tanto son transferibles a los clientes o, incluso, transferirlos a terceros como el caso típico de los seguros, todo en aras de la continuidad del negocio o, atendido dentro del ámbito doméstico, lograr que la normalidad en la calidad de vida de sus miembros se mantenga lo más inalterada posible; entonces los empresarios tanto como las familias, a sus propios descubrimientos y previsiones podrán fijar estrategias para afrontar sus propios riesgos y, ante algunos hechos dañosos adoptar medidas para su atenuación con enfoques de utilidades redundantes, la dispersión de riesgos, la preparación de  un plan de “disaster recovery” e incluso migrar completamente a zonas de menor exposición a los riesgos identificados. Eso también es gerencia de riesgos, un mundo que se mueve entre dos polos y admite múltiples soluciones intermedias, un extremo simplista donde el empresario toma por su principal metodología (y cuando no la única) la contratación de seguros y el opuesto, que los interviene hasta literalmente desaparecerlos: Una buena gestión de riesgos no acaba donde terminan los asegurables. Eso dice la metodología.

Pero ante muchos riesgos de construcción social, antropogénicos por sí mismos dada la condición económicamente gregaria que estimula la acumulación de concentraciones humanas, a nivel de empresa individual (o familiar) no es posible aplicar medidas preventivas para impedir su ocurrencia y si acaso considerar las paliativas, por lo que solo queda  la retención de las eventuales pérdidas y pocas veces, cuando el tipo de evento lo permita, su transferencia pero sin posibilidad de actuar directamente sobre la probabilidad de su ocurrencia, su recurrencia y menos aún sobre su severidad e impacto. Tal cual es el caso de las pandemias, donde el único seguro privado que se comercializaba antes que se expandiera el actual virus Covid, lo era el de Gastos Médicos o bien, el de Vida, que no lo excluye como riesgo, pero ninguno que resarza perjuicios financieros.

En este punto podríamos caer en el error de conceptualización pues es fácil dejarse confundir por las aparentemente bajas probabilidades de que ocurriesen este tipo de eventos u otros catastróficos globales, pero naturales y ciertos, tales como supervolcanes, impacto de meteoros y llamarada solar, sin embargo, otros son ciertamente riesgos sociales construidos, toda vez que cada día presionamos más los reservorios naturales de virus, bacterias y hongos que se encuentran recluidos y ajenos a nuestra especie, hasta que los impactamos y los forzamos a brincar la barrera natural de su reservorio hasta la nuestra, aunque se asoman con poca frecuencia: Ébola, Hanta y otros que no han podido ser erradicados como la Peste Negra o el ántrax, en países como los Estados Unidos, China y otras naciones desde donde siempre han coexistido con especies nativas.

Todos estos peligros que producen riesgos y pérdidas económicas en todo tipo de grado, que personalmente llamo de “segundo orden” aunque, tradicionalmente, ese concepto presume pérdidas menores e incluso admisibles, en cuanto a la administración de riesgos lo denomino en tal forma porque sus consecuencias dañosas se perciben financieramente sin materialización del daño físico de nuestros activos; es muy evidente que ante la afectación material directa de los bienes produce de manera ineludible un perjuicio mediato que de no ser correcta y oportunamente atendido, puede dar lugar a perjuicios de mayor durabilidad, como la pérdida del mercado, de las cadenas de proveeduría e incluso la inviabilidad de volver a operar. Así se toma prestado un término propio de otras áreas como la ingeniería y que también acogen doctrinas de administración monetaria.

Las pérdidas que nacen cuando las empresas no son capaces de ajustar su exposición por provenir de condiciones externas produce ineludiblemente un cambio en la oferta monetaria de sus productos o servicios y, lo que debería ser una consecuencia menor financiera, termina potenciando su efecto económico, dado que ante la actualización de un riesgo social catastrófico, no se sufre de manera aislada, sino que alcanza a todos los entes económicos ligados en esa cadena y el efecto se convierte en multiplicador: El impacto de la perturbación se torna exponencialmente significativo respecto al tamaño de la individual.

En un entorno impreparado para una desviación económica mayor, como la nacida por una Pandemia, donde además las insuficientes o inadecuadas y, a veces, ausentes estrategias empíricas o científicas utilizadas por un gobierno central dejan indefensas a las empresas que antaño podían establecer sus precios y sus estrategias con cierta independencia “cuasi-racionales”, terminan por alejarse de la opción óptima y produciendo pérdidas imprevisibles en su alcance. Y cualquier desviación respecto de las condiciones originales, en este caso la imposibilidad de producir e incluso haber perdido el mercado, causa una pérdida que sin haber dañado los activos se torna catastrófica en relación de magnitud que es más que la suma de las pérdidas individuales.

De todo lo anterior habría una principal conclusión lógica en el ámbito de la gestión del riesgo socialmente construido y es que resulta más económico invertir en la atenuación de los peligros en un entorno que presionará cada vez más y más los ambientes naturales y, con ello, inevitablemente convertir a un fenómeno como las explosiones pandémicas, que eran de poca frecuencia, por otro escenario que avizora que será mayor su recurrencia y severidad. Al final este es un ejemplo de pérdidas por riesgos socialmente construidos y los ejemplos se multiplican pues estamos impactando e incluso agotando especies y recurso, por lo que hoy más que nunca deben incluirse en los modelos de las empresas, grupos corporativos y gobiernos para gestionarlos, en la presunción de que se volverán a presentar y trabajar mientras tanto en soluciones de reservas y seguros que amparen este tipo de perjuicios de segundo orden. Esto es, además, el mayor ejemplo de Resiliencia.

Carlos Zamudio Sosa

Claims Manager

México Claims and Risk Mangement SC

Desde 2005 brinda servicios de consultoría “Risk Management” externo con atención a Asegurados en preparación para Inspección de Riesgo, análisis de contratos y control de sus licitaciones; asesor para acreditación de daño físico y consecuencial por siniestro por acompañamiento, asesoría y defensa técnica y jurídica por reclamos asegurados o afianzados.

Ha acreditado diversos cursos en diversas materias afines al Riesgo y la valuación del Daño Material, incluyendo terminar estudios de nivel
Maestría de Daños y Ajustes. Ha co-impartido 6 Diplomados en temas selectos de Gestión del Riesgo y Seguridad Industrial y acreditado ante la STPS.

Expositor invitado en Seminarios y Talleres y otros programas de desarrollo personal en seguros y colaborador para medios impresos y electrónicos especializados en Seguros y Fianzas.

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Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-zamudio-sosa-6a67a922/

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